El Secreto del Imperio de la Seda y El Papiro de la Ruta Oculta.
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El humo denso de las resinas de sándalo y el olor a grasa de buey quemada flotaban bajo los techos de cedro del palacio imperial de Xianyang. El Primer Emperador, Qin Shi Huang, permanecía inmóvil sobre su trono de basalto, envuelto en túnicas de seda negra bordadas con dragones de hilos de oro que captaban los reflejos de los braseros de bronce. A sus pies, custodiada por una docena de oficiales de la corte que mantenían las manos sobre las empuñaduras de sus espadas de bronce, la delegación extranjera aguardaba en un silencio sepulcral.
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